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LOS TRASTORNOS DEL SUEÑO EN LA MUJER Hasta hace pocos años el estudio de los problemas del sueño no diferenciaba con especificidad la predominancia de ciertas alteraciones del sueño en relación con el género o el sexo de los pacientes. La irrupción femenina, con mayor tendencia a la consulta médica, por su propia constitución orgánica, en el campo laboral y en el ámbito del poder ha producido significativos cambios en el abordaje de los temas de salud. Sin embargo, una revisión de la bibliografía existente en el campo de los trastornos del sueño nos muestra que, hasta hace menos de 10 años, se daba por cierto que no existían diferencias entre hombres y mujeres en la población estudiada para los estudios de insomnio y que el ronquido tenía una incidencia definitivamente mayor entre los hombres . Probablemente, los nuevos tratamientos utilizados en ginecología y el avance de esta especialidad en las últimas décadas hayan sido un factor que colaboró en la modificación de estos enfoques. Si se tienen en cuenta las modificaciones hormonales que se producen en la mujer cíclicamente y si se atienden las fechas y/o circunstancias en que ellas se producen, se hace comprensible que, tanto la menstruación como la ovulación, el embarazo y la menopausia, son causales de trastornos del sueño. Esto está en estricta relación con el efecto que se reconoce que tiene el equilibrio estrógeno-progesterona sobre la función sueño-vigilia. La medicina reconoce desde hace años el "insomnio del embarazo"y el "insomnio de la menopausia". Prueba de ello es que ambos figuran en la Clasificación Internacional de los Trastornos del Sueño de 1990, pero incluidos como "Alteraciones Propuestas", de causa aún no conocida, incluyendo el "insomnio de la menstruación" y la "hipersomnia" de cada una de ellas, como contrapartida concurrente. Hasta entonces, en el campo de las investigaciones del sueño, reitero, no se reconocía que las modificaciones fisiológicas del ciclo hormonal femenino intervendrían en estos trastornos, a estar por las escasas publicaciones de la época en ese sentido. La última década aportó a la salud y el bienestar de la mujer la terapia de reemplazo hormonal para el tratamiento de los síntomas de la menopausia. Este singular avance médico significó, a mi entender, el desarrollo de una tendencia investigadora en el campo correspondiente, que ha llevado a cambiar la vida de un alto porcentaje de mujeres de edad mediana que, hasta entonces, padecían de síntomas desagradables para los que sólo existían paliativos. Se transita aún un camino de polémicas e indecisiones en la aplicación de los tratamientos, debido a que, en el inicio de estas novedades terapéuticas, cundieron justificados temores por los efectos secundarios indeseables. Sin embargo, se abre un nuevo panorama para los trastornos del sueño en la mujer. Se impone actualmente, ante la queja de insomnio o somnolencia excesiva diurna, atender qué edad tiene nuestra paciente, averiguar si su presentación tiene periodicidad y si sus síntomas, relacionados con el sueño, se acompañan de otros asociados con su ciclo hormonal. Una paciente insomne recibirá un tratamiento que, indefectiblemente, deberá tener en cuenta su edad, ya que la ocurrencia del problema puede indicar una conducta terapéutica diferente si ella tiene 35, 49 ó 62 años. Se ha publicado recientemente que los calores nocturnos que fastidian a millones de mujeres en el planeta, no son el único síntoma que afecta en relación con la edad. Existen síntomas perimenopáusicos que, la mayor parte de las veces, no son reconocidos por las pacientes, llevándolas a recorrer especialistas de diversas ramas dela Medicina sin conseguir alivio o, lo que es peor, obteniendo tratamientos no específicos para su problema. El decaimiento psicofísico, típico de la declinación hormonal, asociado a insomnio e hiperemotividad puede llevar a estas situaciones equívocas. Con un enfoque más general, se puede agregar que la mujer actual tiende a exigir a su organismo más de lo que éste puede realizar. Esta situación lleva a una autodeprivación crónica e involuntaria de sueño, cuyas consecuencias son: la disminución imperceptible de las funciones de la memoria, el bajo rendimiento laboral, la alteración del estado de ánimo (irritabilidad, decaimiento) y la somnolencia excesiva diurna, como síntomas más notables. Las mujeres que conducen automóviles en largos trayectos pueden tener accidentes y pueden padecer otro tipo de complicaciones en la realización de tareas habitualmente simples (accidentes hogareños o fallas en tareas conocidas) así como en la relación con otras personas (familiares, amigos o parejas afectivo-conyugales). También es muy común la alteración de los hábitos regulares de la vida cotidiana que conducen a sufrir dificultades en la calidad del sueño o en su inicio y mantenimiento. La National Sleep Foundation de los Estados Unidos de Norteamérica publicó en 1999 los resultados de una investigagción sobre las alteraciones del sueño presentadas por un grupo de 1012 mujeres de 36 a 60 años, de diferentes lugares de ese país. El estudio arrojó datos sorprendentes: una de cada cuatro mujeres sufre de somnolencia diurna; la mitad de las mujeres examinadas ha conducido automóviles estando somnolientas; tres de cada diez mujeres reconocieron que sus problemas de sueño interfirieron con sus actividades diarias. De estas mujeres, el 46% aceptó que la misma interferencia afectó su relación de pareja y el 28 % aceptó que sus problemas de sueño no les permitían cuidar bien de sus hijos. Dicho estudio también incluyó todo lo relacionado con los síntomas relacionados con menstruación, embarazo y menopausia. Es de destacar la existencia de un grupo cada vez más nutrido de mujeres investigadoras de todos los aspectos del sueño. Ellas tuvieron una reunión importante en el último Congreso de la Sociedad Europea para la Investigación del Sueño, que se realizó en Madrid en septiembre de 1998. Este creciente grupo autodenominado WISRR (Women in Sleep and Rythms Research) tiene como principal objetivo difundir y profundizar el estudio de los trastornos del sueño en las mujeres sin distinciones raciales o geográficas. Cabe la expectativa de que la acción de diferentes agrupaciones de investigadores (hombres o mujeres) contribuyan al mejoramiento de la calidad de sueño de la especie que, sin duda, es factor determinante de una mejor calidad de vida. El aumento del límite de la expectativa
de vida justifica la tarea. |
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